Autor:
J.R. Seguí
Esta semana el Ayuntamiento de
Valencia firmaba la licencia de obras para que se realicen las únicas fases de
rehabilitación previstas en el Museo San Pío V, un proyecto que lleva desde
mediados de los noventa de cajón en cajón, de ministro en ministro, de
conseller en conseller. Sin embargo, no hay dinero. Y pese a las firmas, las
fotografías y las promesas, las obras no comenzarán hasta 2014. E irán lentas.
Eso sí, será un proyecto cojo porque se han eliminado definitivamente algunos
de los aspectos más interesantes que contenía el último diseño, esto es, el
nuevo acceso por un sótano, los nuevos almacenes, las salas de arqueología, la
recuperación del pabellón Benlliure, al que sólo en estos últimos años le han
dado una mano de pintura, o la urbanización de su entorno. Todo aquello que le
daba esplendor a la iniciativa y convertía al museo en un verdadero espacio de
referencia, un museo con unas condiciones notables que hubiera estado a la
altura o por encima de los de Bellas Artes de Bilbao o Sevilla y con un acceso
inigualable desde los jardines de Viveros. Era una oportunidad.
Ahora nos conformaremos, como siempre hacemos, con la rehabilitación del
antiguo hospital, el edifico noble, una restauración por otro lado obligada por
las propias condiciones en que se encuentra el viejo edificio. Lo inicialmente
previsto y tantas veces aparcado.
El fracaso del San Pío V no sólo es político o cultural. Es un fracaso
colectivo de la sociedad valenciana que, como en otras muchas cosas, no ha levantado
la voz en su defensa, salvo raras excepciones.
Hemos sido capaces de permitir años que nuestra pinacoteca se inundara, cayera
agua sobre sus cuadros, las humedades afectaran a sus fondos, hubiera
desprendimientos en su fachada, los almacenes no reunieran condiciones, las
termitas camparan a su ancho, se derrumbaran sus muros, fotocopias en lugar de
dípticos explicativos o no tuviera política de compras ni exista de
exposiciones...de todo eso y mucho más sin decir nada. Y ahora nos volveremos a
conformar con lo justo. Nos venden, además, que ha sido con el Gobierno
central, presidido por Mariano Rajoy, cuando se ha conseguido desbloquear de
verdad el problema patrimonial del museo sin que se contemple la pérdida de
suelo público para los valencianos. Lo ha dicho el concejal de Urbanismo
Alfonso Novo y lo ha rematado la consellera Catalá. Para que nos lo creamos.
Como si no existiera memoria y la Historia se escribiera de un día para otro.
Ni los gobiernos socialistas„no me vale que al final de la legislatura de
Zapatero se ofreciera 4,5 millones para ir tirando porque llevaba ya siete años
en el cargo sin mover un dedo, aunque se hubiera avanzado„ ni populares„ que
fueron los primeros en paralizarlo en tiempos de Esperanza Aguirre y Aznar
cuando siendo ministra de Cultura Carmen Alborch lo tenía todo resuelto y bien
atado„ han sido capaces de arreglarnos algo que como sociedad comprometida con
el Estado merecíamos y mientras se contentaban a otras autonomías por
cuestiones políticas con proyectos menos necesarios e inversiones millonarias.
Pero tampoco en todos estos muchos años ha tenido la Generalitat, cuya gestión
museística tiene transferida, la valentía de reclamarlo para sí, tirar hacia
delante y hacer propio un proyecto necesario, tanto desde el punto de vista
social, como turístico o patrimonial. Sí ha habido dinero para restaurar todo
el patrimonio posible de la Iglesia o para construir megalómanos proyectos
multimillonarios con los que se podrían haber construido más de una docena de
San Píos. Pero no para él.
Si como apuntan las quinielas el ministro de Cultura, José Ignacio Wert, cae un
día de estos, el que venga detrás es capaz de vendernos otra milonga. No sería
la primera vez. Y, visto lo visto, seguiremos tragando. Es nuestro sino. Un signo
de mediocridad.